El idiota
El idiota —Gracias a Dios, he convencido a mamá de que se acueste y no ha habido más disputas —manifestó Varia—. Gania está avergonzado y muy deprimido. Y tiene motivos para estarlo. ¡Qué lección! He venido, prÃncipe, para darle las gracias y para hacerle una pregunta. ¿No conocÃa usted antes a Nastasia Filipovna?
—No, no la conocÃa.
—Entonces, ¿cómo le ha dicho que no es lo que finge? Parece que ha adivinado usted. Es muy posible, en efecto, que esa mujer no sea asÃ. ¡Pero no seré yo quien me ocupe en descifrar su carácter! Es evidente desde luego que acudÃa con intención de molestarnos. He oÃdo antes de ahora contar ciertas cosas extrañas a propósito de ella. Y, si querÃa invitarnos, ¿por qué empezó mostrándose grosera con mamá? Ptitzin la conoce bien y afirma que no comprende la conducta de que alardeó al principio. Y luego, ese Rogochin… Una mujer que se respete no puede tener una conversación asà en casa de su… Mamá está muy inquieta por usted…
—No hay motivo —dijo Michkin, con un expresivo ademán.
—¡Hay que ver lo dócil que esa mujer ha estado con usted, prÃncipe!
—¿Dócil?