El idiota
El idiota —¡No me extraña! Después que… Pero yo no miro esas cosas como suelen mirarse. Porque un loco, un imbécil, o un granuja, en un paroxismo de locura, dé una bofetada a alguien, éste ya queda deshonrado para toda la vida, a menos que lave la injuria con sangre o su agresor le pida perdón de rodillas. Esto, para mÃ, es absurdo y despótico. «La mascarada» de Lermontov se funda en esto, mas, a mi juicio, es una estupidez. O, mejor dicho, quiero indicar que no es natural. Claro que Lermontov era casi un niño cuando escribió ese drama…
—Su hermana me parece una mujer muy agradable.
—Es muy valiente. ¡Hay que ver cómo ha escupido a Gania en la cara! Usted no ha hecho lo mismo, aunque estoy seguro de que no por falta de valor. Pero mÃrela: ahà viene. En hablando del rey de Roma… Ya sabÃa yo que vendrÃa: es una mujer muy noble, aunque tiene sus defectos…
Varia comenzó por increpar a su hermano.
—¡Ea, largo de aquÃ! Éste no es tu sitio. Vete con papá. ¿Le ha molestado Kolia, prÃncipe?
—No, al contrario.
—¡Ya estás con ganas de gruñir, Varia! Esto es lo que tienes de malo. Por cierto que yo pensaba que papá se habÃa ido con Rogochin. Seguramente lamenta ya no haberle acompañado. Voy a ver qué hace —dijo Kolia, saliendo.