El idiota
El idiota —Puesto que hace usted esa promesa —dijo el general con calor, me siento dispuesto a relatar toda mi vida. Confieso, además, que, en espera de mi turno, ya habÃa preparado una anécdota…
Ferdychenko sonrió con malignidad.
—Y basta mirar a Vuestra Excelencia para advertir el vivo placer literario con que ha elaborado su episodio —comentó, el bufón, aunque no habÃa recuperado todavÃa la plenitud de su aplomo.
Nastasia Filipovna lanzó una ojeada al general y sonrió. Pero cada vez se notaban en ella más depresión e irritabilidad. Desde que la joven prometiera relatar un episodio de su vida, Atanasio Ivanovich sentÃase presa de viva inquietud.