El idiota
El idiota —Yo le diré lo que es el prÃncipe para mÃ: el primer hombre cuya sincera adhesión me ha inspirado confianza. He creÃdo en él desde el primer instante y sigo creyendo.
Gania, pálido y con los labios crispados, tomó la palabra.
—Sólo me queda agradecer a Nastasia Filipovna la extrema delicadeza de que ha dado pruebas respecto a mÃ. Sin duda lo que ha resuelto es lo más conveniente… —Y añadió, con voz temblorosa—: Pero el prÃncipe… su intervención en este asunto…
—Echa a rodar un negocio de setenta y cinco mil rublos, ¿no? —interrumpió bruscamente Nastasia Filipovna—. ¡Eso es lo que quiere usted decir! No lo niegue: sus palabras no significan otra cosa. Atanasio Ivanovich: tengo algo más que agregar. Y es que se guarde sus setenta y cinco mil rublos. Sepa que le devuelvo su libertad gratuitamente. ¡Ya era hora! ¡También tiene usted derecho a respirar al fin! ¡Nueve años y tres meses! Mañana iniciaré una vida nueva. Pero hoy es el dÃa de mi cumpleaños y esta es la primera vez que soy dueña de mà misma desde que existo. General: tome sus perlas y déselas a su esposa. Se han acabado estas veladas, señores. Desde mañana dejo este piso.
Y después de hablar asà se levantó, como para marcharse.