El idiota
El idiota —¡De modo que soy princesa! —murmuró para sÃ, con cierta burla. Y mirando a DarÃa Alexievna, añadió—: El desenlace es inesperado; ni yo misma lo habÃa previsto… Pero ¿por qué siguen ustedes en pie, señores? Siéntense y felicÃtenme por mi casamiento con el prÃncipe. Creo que alguien ha pedido champaña: vaya a encargarlo, Ferdychenko. Katia, Pacha —exclamó, al ver a las dos doncellas a la entrada del salón—, pasad. ¿Sabéis que voy a casarme? ¡Y con un prÃncipe! El prÃncipe Michkin, que posee millón y medio, me toma por esposa.
—¡No dejes escapar la ocasión, y Dios te bendiga, querida! —dijo DarÃa Alexievna.
—Siéntate a mi lado, prÃncipe —continuó Nastasia Filipovna—. ¡AsÃ! Y ustedes, señores, denme la enhorabuena. ¡Ah, ya llega el vino!
—¡Hurra! —gritaron muchas voces a coro.