El idiota
El idiota —¿Qué locura se te ocurre ahora? —exclamó, espantada, DarÃa Alexievna.
—¿CreÃas que hablaba en serio? —rio Nastasia Filipovna, alzándose del sofá de un salto—. ¿Crees que serÃa capaz de arruinar la vida de un niño como éste? Quédese eso para Atanasio Ivanovich, amigo de buscar niños en capullo… Veámonos, Rogochin. ¡Venga el dinero! Aunque te cases conmigo, dame el dinero. ¿O crees que porque me has ofrecido casarte puedes guardarte tus billetes? ¡Vamos, hombre! Yo soy una mujer sin honor; he sido la amante de Totsky. En cuanto a ti, prÃncipe, quien te conviene es Aglaya Epanchina y no Nastasia Filipovna. Si te casas conmigo, Ferdychenko te señalarÃa con el dedo a todos. A ti no te importa, pero no quiero hacerte desgraciado ni sufrir más adelante tus recriminaciones. En cuanto al honor que te harÃa concediéndote mi mano, Totsky podrÃa decir unas cuantas palabras sobre eso. Y tú, Gania, entérate de que te has engañado con Aglaya Epanchina. Si no hubieses andado regateando con ella, se habrÃa casado contigo. ¡Asà sois todos! Hay que escoger entre el trato de las mujeres honradas y el de las que no lo son. Si se anda a la vez con unas y con otras, acaba siempre enredándose todo. Mira al general, con la boca abierta…
—¡Esto es Sodoma, Sodoma! —exclamó Epanchin, encogiéndose de hombros.