El idiota
El idiota —SÃ, sÃ… ¡No se acerque! —vociferó Rogochin viendo que DarÃa Alexievna se aproximaba a Nastasia Filipovna—. Es mÃa, sólo mÃa. ¡Mi reina, mi amor!
Sofocado por la alegrÃa giraba en torno a la joven, gritando a todos: «¡No se acerquen!». Su cuadrilla habÃa invadido en masa el salón. Unos bebÃan, otros reÃan y gritaban, todos se sentÃan animados y ya sin la menor inquietud Ferdychenko comenzaba a fraternizar con ellos. El general y Totsky hicieron un movimiento para retirarse. Gania tenÃa también el sombrero en la mano, pero permanecÃa inmóvil y silencioso, como incapaz de substraerse al espectáculo que tenÃa ante la vista.
—¡No se acerquen! —volvió a gritar Rogochin.