El idiota
El idiota —Parece siempre estar buscando algo, como si hubiese perdido alguna cosa. La simple idea de su próximo matrimonio la repugna. Lo considera una afrenta para ella. Y de Rogochin no se preocupa más que de una cáscara de naranja. Pero me equivoco: piensa en él con temor, con miedo. Incluso prohÃbe que se le mencione. Si se ven, es sólo por necesidad… y él se da buena cuenta de ello. Pero no hay más remedio… Ella se muestra inquieta, sarcástica, violenta, habla siempre con segunda intención…
—¿Se muestra violenta y habla con segunda intención?
—La prueba de su violencia es que la última vez casi estuvo a punto de asirme del cabello sólo por una sencilla palabra que le dije. Yo quise tranquilizarla leyéndole el Apocalipsis…
—¿Cómo? —preguntó Michkin, creyendo no haberle entendido bien.