El idiota
El idiota —SÃ, a no ser que se haya ido a Pavlosk. Quizá el buen tiempo la haya decidido a marchar al campo, a casa de DarÃa Alexievna. Como Nastasia Filipovna dice, sigue siendo libre. Aun ayer alardeaba de su libertad hablando con Nicolás Ardalionovich[8]. ¡Mala señal! —comentó Lebediev, sonriendo.
—¿La visita Kolia a menudo?
—Kolia es un mozo aturdido, extraño e indiscreto.
—¿Y hace tiempo que no ha ido usted a verla?
—Voy todos los dÃas, todos los dÃas…
—¿Ha ido usted ayer?
—No… No voy hace tres dÃas.
—Es lástima que haya usted bebido un poco más de la cuenta, Lebediev. Si no, le preguntarÃa una cosa.
—No estoy ebrio del todo; tranquilÃcese —repuso el funcionario, prestando oÃdo.
—DÃgame, pues: ¿cómo la encontró usted la última vez que estuvo visitándola?
—Es una mujer ocupada en buscar…
—¿En buscar el qué?