El idiota
El idiota —Las creo y las explico. Yo soy un pobre hombre, un mendigo, un átomo en la circulación humana. ¿Quién aprecia a Lebediev? Sirve de irrisión a todos y puede decirse que no hay quien no le abrume a puntapiés. Pero en esta explicación me igualó a cualquier gran personalidad. ¡Tan grande es el poder del espÃritu! Yo he hecho temblar a un alto funcionario, muy arrellanado en su sillón, impresionándole al hacerle sentir el poder del espÃritu.
Hace dos años, la vÃspera de Pascuas, Su IlustrÃsima Excelencia Nilo Alexievich, a cuyas órdenes trabajaba yo, quiso oÃrme y me hizo llamar adrede a su despacho por Pedro Zaharich. «¿Es verdad —me dijo cuando estuvimos a solas— que tú explicas la profecÃa relativa al Anticristo?». Yo no vacilé en contestar que sÃ, y empecé a comentar la visión alegórica del apóstol. Él principió por sonreÃr, pero los cálculos numéricos y las similitudes le hicieron temblar. Me rogó que cerrase el libro, me despidió y puso mi nombre en la lista de recompensas. Esto pasaba en el momento de las fiestas de Pascuas. Ocho dÃas más tarde, Nilo Alexievich entregaba su alma a Dios.
—¿Qué dice usted, Lebediev?