El idiota
El idiota —No hay nada que perdonar. Me hago cargo de su pregunta y la encuentro justificada. Por el momento no tengo recurso alguno ni ocupación, y me harÃa falta al menos tener lo último. Hasta ahora sólo personas extrañas se han ocupado en mantenerme. Cuando he salido de Suiza, Schneider, el médico que me atendÃa, me dio el dinero justo para el viaje, y en consecuencia sólo me quedan unos kopecs. Tengo entre manos, es cierto, un asunto sobre el que necesitarÃa consejo; pero…
—DÃgame —interrumpió el general—: ¿de qué cuenta vivir entre tanto y cuáles son sus proyectos?
—Quisiera trabajar en lo que fuese.
—¡Oh, es usted un filósofo! Pero ¿tiene usted aptitudes o habilidades concretas? Quiero decir, de aquellas que sirven para ganar el pan de cada dÃa… Le ruego, una vez más, que me perdone…
—No hay de qué. No, no creo tener aptitudes ni habilidades determinadas. Más bien al contrario, dado que, en consecuencia de mi mal estado de salud, mi instrucción ha sido muy incompleta. Pero, para ganarme simplemente el pan, me figuro…