El idiota
El idiota —En primer lugar, he podido formarme una idea exacta de quien es el señor Burdovsky; es decir, he podido cerciorarme del carácter que tiene… Es un hombre ingenuo, a quien cualquiera serÃa capaz de engañarle. Un hombre desventurado, desvalido… y por lo tanto debo disculparle… En segundo lugar, Gabriel Ardalionovich, en la entrevista que ha tenido conmigo hace una hora, me ha puesto al corriente de todos los designios de Tchebarov, me ha dicho que posee todas las pruebas de la maldad de sus planes y me ha confirmado que Tchebarov es precisamente lo que yo suponÃa. Sé, señores, que mucha gente me considera como un idiota. Fundándose en mi reputación de hombre que afloja fácilmente los cordones de la bolsa, Tchebarov ha juzgado posible engañarme, explotando principalmente el buen recuerdo que conservo de Pavlitchev. Pero lo principal… ¡Déjenme acabar, señores! Lo principal es que ha resultado que el señor Burdovsky no es hijo de Pavlitchev. Gabriel Ardalionovich me ha comunicado antes ese descubrimiento y asegura que posee pruebas definitivas. ¿Qué les parece? ¿No es cierto que tal cosa se creerÃa imposible después de cuanto se ha dicho aquÃ? Pero observen que existen, a lo que creo, pruebas positivas… No es que yo lo crea todavÃa, e incluso dirÃa resueltamente que no lo creo, ya que Gabriel Ardalionovich no ha tenido tiempo de darme detalles completos. Pero de que Tchebarov es un canalla no puedo seguir dudando ya. Ha engañado al infeliz señor Burdovsky y a todos ustedes, señores, que han acudido caballerosamente en apoyo de su amigo (quien, ya lo comprendo, necesita, en efecto, apoyo), complicándoles a todos en una estafa, pues este asunto en el fondo no es otra cosa.