El idiota
El idiota Su respuesta satisfizo al general. Se había excitado un tanto y se le notaba pesaroso de no haber sabido contenerse. Volvióse hacia el visitante y la idea de que éste había oído la conversación precedente hizo asomar al rostro de Iván Fedorovich una expresión de inquietud. Pero aquella expresión se desvaneció en un instante: le bastó dirigir una sola mirada a Michkin.
—¡Oh! —exclamó examinando la muestra caligráfica que el príncipe acababa de presentarle—. ¡Esto es un modelo de escritura! ¡Y un modelo muy poco corriente! Mira qué destreza caligráfica tiene el príncipe, Gania.
Michkin había escrito sobre una gruesa hoja de papel vitela la siguiente frase, trazada en caracteres rusos de la Edad Media:
«El humilde igúmeno Pafnutí ha puesto aquí su firma».