El idiota
El idiota —No te enfades. Es una chica voluntariosa, una loca, una niña mimada. Cuando se le antoja se burla de la gente en voz alta ante sus mismas barbas. Yo era lo mismo a su edad. Pero no te envanezcas, querido: Aglaya no está enamorada de ti ni lo estará nunca. ¡No puedo creerlo! Te lo advierto para que obres en consecuencia desde ahora. Oye: júrame que no te has casado con esa mujer.
Michkin casi dio un salto de sorpresa.
—¿Qué dice usted, Lisaveta Prokofievna?
—¿No has estado a punto de casarte?
—He estado a punto de casarme —contestó él, inclinando la cabeza.
—Y estás enamorado de ella, ¿verdad? ¿Y has venido aquà por ella?
—No he venido aquà para casarme, se lo aseguro —replicó Michkin.
—¿Hay alguna cosa sagrada para ti en el mundo?
—SÃ.
—Pues júrame que no has venido para casarte con esa mujer.
—Se lo juro por lo que usted quiera.
—Te creo. Abrázame. ¡Menos mal que puedo respirar al fin! Pero te advierto que Aglaya no te quiere y que no se casará contigo mientras yo viva. ¿Entiendes?
—SÃ.