El idiota
El idiota A esto suele darse una respuesta tan sencilla que la explicación parece casi increÃble. Cierto es, se nos dice, que todos han servido o sirven al Estado ruso, y que el sistema ha sido seguido durante doscientos años y con arreglo al mejor modelo alemán, de abuelos a nietos; pero los funcionarios son la gente menos práctica de todas, y las cosas han alcanzado extremo tal que un carácter puramente teórico y una falta total de conocimientos prácticos han llegado a considerarse, incluso en los medios oficiales, casi como la calificación y recomendación más altas. Pero aquà no se trata de discutir esos medios, sino de ceñirnos al asunto de los hombres prácticos. No hay duda alguna que la desconfianza y la carencia absoluta de iniciativa han sido consideradas siempre como los signos principales de que un hombre es práctico y siguen siendo juzgadas asÃ. Y si opinión tal es sostenida por acusatoria, ¿por qué censuramos únicamente a nosotros mismos? Desde el principio de las cosas, la falta de originalidad ha sido apreciada en el mundo entero como la principal caracterÃstica y mejor recomendación en favor de un hombre activo y práctico, y al menos el noventa y nueve por ciento de los miembros sostienen desde siempre esta opinión, mientras sólo el uno por ciento, como máximo, propugna la contraria.