El idiota
El idiota —¿Qué hace usted aquí? —preguntó acercándose a él.
El príncipe, confuso, tartamudeó una turbada respuesta y se incorporó precipitadamente. Pero Aglaya se sentó a su lado y él volvió a instalarse en la silla. Después de contemplarle con atención, la joven miró distraídamente hacia la ventana y volvió a fijar la vista en Michkin.
«Acaso quiera burlarse de mí —pensó el príncipe—. Pero no: lo había hecho ya».
—¿Quiere que pida té? —dijo ella tras un silencio.
—No… No sé.
—¿Cómo puede no saberlo? Oiga otra cosa: si alguien le provocase a un desafío, ¿qué haría usted? Quería preguntárselo antes, pero…
—Si… si, nadie va a desafiarme.
—Supongamos que le desafía. ¿Qué haría usted? ¿Asustarse?
—Creo que sí. Tendría miedo…
—¿En serio? ¿Es usted cobarde?
—No, acaso eso fuera decir demasiado —repuso el príncipe. Y tras un momento de reflexión añadió, sonriendo—: El cobarde es quien tiene miedo y huye; pero quien tiene miedo y no huye no es un cobarde.
—¿Y usted no huiría?
—Tal vez no —repuso él, jovial.