El idiota
El idiota —No te quiero, León Nicolaievich, ésa es la verdad. ¿Para qué, pues, voy a ir a tu casa? Pareces, príncipe, un niño encaprichado con un juguete… Pero no te haces cargo de las cosas. Lo que me dices, ya lo manifestabas en tu carta. ¿Y juzgas que no te creo? Creo en todas tus palabras, sé que no me has engañado ni me engañarás nunca, y a pesar de todo no te quiero. Me decías que todo está olvidado, que no recuerdas otro Rogochin sino aquel con quien fraternizaste y no el que alzó un cuchillo sobre ti. Pero —y Rogochin sonrió de nuevo—, ¿qué sabes tú lo que siento yo? Acaso yo no me he arrepentido nunca de lo que he hecho y tú en cambio me envías tu perdón fraternal. Bien puede ser que hoy mismo yo pensara de otro modo y que…