El idiota
El idiota —Nicolás Ardalionovich —dijo Lebediev, dirigiéndose a Kolia con voz casi conmovida—, siendo asà que debo hablar al prÃncipe de un asunto muy personal, que…
—¡Claro, claro: estorbo! Hasta luego, prÃncipe —dijo Kolia.
—Me gusta este muchacho porque tiene comprensión rápida —contestó Lebediev, siguiéndole con la vista—. Por inoportuno que sea, es un chico de viva inteligencia. Respetado prÃncipe: he sufrido una desgracia extraordinaria anoche o esta mañana… No sé cuándo a punto fijo.
—¿Qué le ha pasado?
—He perdido cuatrocientos rublos que llevaba en el bolsillo de la levita.
—¿Cuatrocientos rublos? Es lamentable.
—Sobre todo para un hombre pobre que vive honradamente de su trabajo. —Sin duda, sin duda… ¿Y cómo ha sido?
—Por culpa del vino. Le hablo como a la Providencia, estimadÃsimo prÃncipe. Ayer, a las cinco de la tarde, recibà de un deudor la suma de cuatrocientos rublos y volvà aquà en ferrocarril. Yo llevaba la cartera en el bolsillo del uniforme. Cuando cambié éste por el traje de casa, me eché el dinero al bolsillo de la levita, esperando, por la noche… Porque yo esperaba a mi agente de negocios.