El idiota
El idiota «Observo, sin embargo (escribía en otra carta), que aun cuando uno el nombre de usted al de él, ni una sola vez le pregunto si usted le ama, en cambio, se enamoró de usted en cuanto la vio. Pensaba en usted como en una “luz”. Tal fue la expresión textual que oí de sus propios labios. Pero tampoco necesitaba sus palabras para saber que era usted su luz. He vivido un mes a su lado y he comprendido entonces que usted le amaba también. Los dos han sido hechos el uno para el otro».