El idiota
El idiota Nastasia Filipovna le cogió los brazos y le contempló con anhelo. Luego se incorporó y alejóse a toda prisa, diciendo:
—Adiós…
Michkin vio aparecer a Rogochin de improviso, tomar el brazo de Nastasia Filipovna y desaparecer con ella.
—Espera un momento, príncipe —instóle Parfen Semenovich—. Vuelvo contigo antes de cinco minutos.
En efecto, cinco minutos más tarde Rogochin volvía al lugar donde Michkin le aguardaba.
—La he dejado en el coche, que espera ahí cerca desde las diez —expuso—. Ella sabía que tú pasarías la velada en casa de esa otra mujer. Le transmití exactamente el contenido de la carta que me dirigiste. Nastasia Filipovna no volverá a escribir más cartas a esa amiga tuya y, como lo deseas, mañana mismo se irá de Pavlovsk. Ha querido verte por última vez a pesar de tus negativas de entrevistarte con ella. Te esperamos aquí, en ese banco. Así sentíamos la seguridad de verte cuando regresaras.
—¿Y te ha traído consigo?
—¿Por qué no? —repuso Rogochin, sonriendo—. No he visto más de lo que ya sabía. ¿Has leído sus cartas?
—¿Es posible que tú las hayas leído también? ¿Es verdad? —exclamó Michkin, transido de espanto ante tal pensamiento.