El idiota
El idiota —¡Pero si me las ha enseñado todas! ¿Has visto lo que dice de la navaja? ¡Ja, ja!
—¡Está loca! —exclamó Michkin, retorciéndose las manos.
—¿Quién sabe? Quizá no… —murmuró Rogochin en voz baja y como para sÃ. El prÃncipe no le contestó.
—Adiós —dijo Parfen Semenovich—. También yo me voy mañana. No me guardes rencor… —Y volviéndose bruscamente, agregó—: Amigo mÃo, no has contestado a la pregunta de Nastasia Filipovna: ¿eres feliz o no?
—¡No, no, no! —exclamó Michkin, con inexpresable tristeza.
—Ya me lo figuraba —repuso Rogochin.
Y, riendo sarcásticamente, se alejó sin volver la cabeza.