El idiota
El idiota Fue precisamente queriendo ser útil a su hermano por lo que Bárbara Ardalionovna reanudó su amistad con las hijas de Epanchin, con quienes jugara de niña. La joven no habría sido quien era si en sus visitas a aquellas muchachas persiguiese la realización de un sueño fantástico. No, su proyecto no tenía nada de fantasía, dado el carácter de aquella familia y muy en especial de Aglaya. Los esfuerzos de Bárbara Ardalionovna tendían a un solo fin: restablecer las relaciones entre su hermano y Aglaya. Acaso llegara a tal resultado, o acaso se equivocase suponiendo que su hermano iba a dar de sí más de lo que podía. Sea como fuere, maniobró muy diestramente entre las Epanchinas. Pasaba semanas enteras sin mencionar el nombre de Gania, mostraba siempre una franqueza y una corrección extremadas, y observaba una actitud modesta, pero digna. Buceando en el fondo de sus sentimientos, no encontraba nada reprensible en su conducta, y ello le estimulaba a persistir en su designio. Pero a veces Bárbara Ardalionovna se daba cuenta de que poseía mucho amor propio y ese amor propio resultaba herido, y nunca lo advertía con mayor claridad que cuando regresaba de casa de las Epanchinas.