El idiota
El idiota Podría decirse mucho más sobre las habladurías y enredos levantados en torno al proyectado enlace y a las negociaciones pertinentes; pero, aparte que ya hemos anticipado algo sobre ellas, muchas no pasaban de vagos rumores. Decíase, por ejemplo, que Totsky había descubierto una indefinida y secreta inteligencia entre Nastasia Filipovna y las hijas del general, historia que probablemente tenía todos los caracteres de una disparatada inverosimilitud. Pero existía otro rumor que inquietaba mucho más a Atanasio Ivanovich, persiguiéndole como una pesadilla, y era que, según se le aseguraba, Nastasia Filipovna estaba muy al corriente de que Gania sólo se casaba con ella por el dinero; de que el joven tenía un alma venal, ávida, perversa y codiciosa; de que su grotesca vanidad rebasaba todos los límites; y, en fin, de que, si bien él había deseado apasionadamente conquistar a Nastasia Filipovna, desde que aquellos dos hombres maduros resolvieron explotar su pasión en su propio beneficio, entregándole a la mujer anhelada como esposa legal, Gania había principiado a odiarla como a una siniestra sombra de delirio. El odio y la pasión mezclábanse, violentos, en su alma y aunque después de una dolorosa incertidumbre consintió en desposar a semejante «despreciable mujerzuela», habíase prometido en su interior «hacérselo pagar caro», como, según se rumoreaba, dijera Gania literalmente.