El idiota
El idiota Lisaveta Prokofievna comprendió que la Bielokonsky estaba algo irritada por el fracaso de Eugenio Pavlovich, a quien ella había presentado a los Epanchin. La generala volvió a Pavlovsk aún más furiosa que antes y se consagró a increpar a su familia: «Habéis perdido la cabeza; las cosas no se hacen así en ninguna parte; esto no se ve más que en esta casa… Al fin y al cabo, ¿a qué viene tanto revuelo? ¿Qué ha pasado aquí, después de todo? Por mucho que examine las cosas no veo que haya ocurrido nada. Vale más esperar los acontecimientos. ¿Qué importancia tiene lo que Ivan Fedorovich haya creído notar? Estáis haciendo un elefante de una hormiga», etc.
Aquello parecía abocar a la conclusión de que procedía calmarse y esperar los sucesos con serenidad y fríamente. Pero ¡ay!, la calma no duró diez minutos y la generala comenzó a inquietarse otra vez al tener noticia de las cosas que habían sucedido en su ausencia. Recuérdese que Michkin había aparecido en casa de los Epanchin a las doce y treinta de la noche, creyendo que eran las nueve y media. Y fue al día siguiente de aquella extraña visita cuando Lisaveta Prokofievna se encaminó a Kamenny Ostrov. Las hermanas de Aglaya respondieron con todo detalle a las impacientes preguntas de Lisaveta Prokofievna.