El idiota
El idiota —¿Pafnut� ¿El igúmeno? ¡Espera, espera un poco! ¿Adónde vas y quién es ese Pafnut� —exclamó la generala, colérica y casi inquieta mientras su esposo alcanzaba la puerta rápidamente.
—Si, sÃ, querida: es un igúmeno antiguo… Voy a casa del conde, que me espera hace rato. El mismo me citó. Hasta la vista, prÃncipe…
Y el general salió a toda prisa.
—¡Bien sé a la casa de qué conde va! —dijo con áspero acento Lisaveta Prokofievna dirigiendo los ojos al prÃncipe con expresión de descontento. Y luego, procurando coordinar sus recuerdos, gruñó—: ¿Qué decÃamos? ¡Ah, sÃ, hablábamos del igúmeno!
—Maman… —comenzó Alejandra.
Aglaya golpeó el suelo con el pie.
—Déjame hablar, Alejandra Ivanovna —interrumpió secamente la madre—. También yo deseo enterarme de eso. Siéntese en esta butaca, prÃncipe. No, aquÃ, frente a mÃ. Más al sol y de modo que le dé bien la luz para que yo pueda verle. ¿Qué igúmeno era ése?
—El igúmeno Pafnutà —respondió el prÃncipe con gravedad.
—¿Pafnut� ¡Muy interesante! ¿Y qué hizo?
Lisaveta Prokofievna preguntaba con voz brusca e impaciente, fijando los ojos en el prÃncipe. Cuando éste le contestó, ella de vez en cuando asentÃa con la cabeza.