El idiota
El idiota —El igúmeno Pafnutà vivÃa en el siglo catorce —comenzó Michkin—. Su monasterio estaba situado a orillas del Volga, en la región ahora conocida como provincia de Gostroma. Fue célebre por la santidad de su vida. Le enviaron a la Horda para arreglar ciertos asuntos con los tártaros y puso su firma al pie de un documento. Como el general querÃa ver si yo tenÃa suficiente buena letra para ser empleado en algún sitio, he escrito varias frases, cada una con un tipo de letra diferente. Entre otras frases se encontraba ésa: «El humilde igúmeno Pafnutà ha puesto aquà su firma». Ello agradó mucho al general y por eso lo ha mencionado hace poco.
—Aglaya —dijo la generala—, acuérdate de lo que dice el prÃncipe. O, si no, anótalo, porque de lo contrario lo olvidaré. Pero yo creÃa que se trataba de algo más interesante. ¿Dónde está esa firma?
—Creo que ha quedado en el despacho del general, sobre la mesa.
—Que vayan a buscarla en seguida.
—No vale la pena. Puedo volver a escribirla, si usted lo desea.
—Opino, maman —dijo Alejandra—, que por el momento serÃa mejor almorzar. Nosotras tenemos apetito…
—Está bien —resolvió la generala—. Venga, prÃncipe. Debe usted de sentir apetito.