El Jugador
El Jugador —Es posible. La señorita Blanche misma puede también tenerlas. Pero hace dos años, por denuncia de esa misma baronesa, la señorita Blanche fue invitada por la policía a abandonar la ciudad, y tuvo que hacerlo.
—¿Cómo fue eso?
—Se había presentado aquí, en compañía de un italiano, un príncipe que llevaba el histórico apellido de Barberini, o algo por el estilo, un personaje cargado de sortijas y diamantes auténticos. Llevaba un espléndido tren de vida. La señorita Blanche jugaba al treinta y cuarenta. Comenzó ganando, pero luego la suerte le volvió la espalda. Recuerdo que una noche perdió una cantidad muy importante.