El Jugador
El Jugador —SÃ, naturalmente, todo el interés se halla concentrado en ella… Todo depende de la herencia. Si la hereda, el general se casará. Miss Paulina tendrá también las manos libres y Des Grieux…
—¿Qué?
—Pues que Des Grieux cobrará. Esto es lo único que aquà aguarda.
—¿Usted cree?
—No sé nada más —se concretó a decir Mr. Astley.
—Pues yo sà sé algo más —repliqué, molesto—. Espera también la herencia, porque Paulina recibirá una dote y, una vez en su poder, se lanzará a sus brazos. ¡Todas las mujeres son iguales! Y las más orgullosas se convierten en las más sumisas, en las más esclavas. ¡Paulina sólo es capaz de amar apasionadamente, y nada más! Esta es la opinión que tengo formada de ella. Obsérvela, principalmente cuando está sentada, aparte, pensativa; parece predestinada, condenada bajo el peso de una maldición. Está a merced de todas las tempestades de la vida y de las pasiones; ella… ella… ¿Pero quién me llama? —exclamé de pronto—, ¿quién grita? He oÃdo gritar en ruso: “Alexei Ivanovitch. “Una voz de mujer… ¡Escuche usted! ¿No lo oye?
En aquel momento nos acercábamos al hotel. HabÃamos salido del café hacÃa ya un rato.