El Jugador
El Jugador El general iba atontado, como si hubiese recibido un garrotazo en la cabeza. Des Grieux meditaba. La señorita Blanche quiso primeramente quedarse, pero luego juzgó oportuno seguir a los demás. A su zaga venía también el principillo; sólo el alemán y la señora viuda de Cominges se quedaron en la habitación del general.