El Jugador
El Jugador —¿Pero cómo? ¿Por qué no lo intenta usted mismo, monsieur Des Grieux? —añadí ingenuamente.
Noté una mirada centelleante de la señorita Blanche a Des Grieux. La fisonomía de éste tuvo, a pesar suyo, un reflejo particular de franqueza.
—Por desgracia, no querrá saber nada de mí, de momento —exclamó gesticulando—; si más adelante… tal vez…
Des Grieux lanzó a la señorita Blanche una mirada significativa.
—“Oh, mon cher monsieur Alexis, soyez si bon!”
Y la señorita Blanche, elle-même, se acercó a mí con una encantadora sonrisa, me cogió las manos, me las estrechó muy fuerte… ¡Sapristi! Aquel rostro diabólico sabía cambiar instantáneamente de expresión. En aquel momento su fisonomía se hizo suplicante, gentil, sonriente. Me miró insinuante al terminar la frase. ¿Quería seducirme de repente? Estuvo un poco vulgar…, pero no lo hizo mal del todo.
El general se asió con presteza al cable de salvación que le tendía Blanche, ésa es la pura verdad.
—Alexei Ivanovitch, perdóneme por haberme expresado así hace un momento, quería decir otra cosa… Le ruego, le suplico, me inclino hasta la cintura ante usted, a la rusa. ¡Sólo usted puede salvarnos!