El Jugador
El Jugador Pero sabiendo en qué situación se encontraba entonces el general pensé que éste no podía menos de contar con ella, es decir, que entre ellos tendría que haber una explicación familiar importante. Sin embargo, cuando regresé al hotel, después de mi conversación con Mr. Astley, encontré a Paulina con los niños. Su fisonomía reflejaba una serenidad imperturbable, como si fuese la única que hubiese salido con bien de las tempestades de familia. Contestó a mi saludo con una inclinación de cabeza. Entré en mi habitación de muy mal humor.
Ciertamente que yo evitaba hablar con ella, y ni una vez le había dirigido la palabra después del incidente con los Wurmenheim. Además, me hacía el ofendido, pero a medida que el tiempo pasaba una verdadera indignación se acentuaba en mí. Aun cuando no me amase, no era ésta una razón para que prescindiera en absoluto de mí y acogiese mis confidencias con tal desdén. Ella sabía que yo la amaba e incluso había permitido que se lo dijese. A decir verdad, nuestras relaciones habían empezado de un modo extraño. Desde hacía tiempo, cosa de dos meses, yo notaba que ella quería hacer de mí su amigo, su confidente, y que en parte trataba de tentarme. En verdad, eran extrañas nuestras relaciones. He aquí por qué yo la había hablado en aquel tono. Pero si mi amor la ofendía, ¿por qué no me prohibía francamente hablarle de él?