El Jugador
El Jugador —¿A dónde fue usted? —le pregunté, sorprendido de no haberlo hecho hasta entonces.
—A Francfort.
—¿Por negocios?
—SÃ, por negocios.
¿Para qué insistir? Continué marchando a su lado, pero dio la vuelta hacia el Hôtel des Quatre Saisons, me hizo una inclinación de cabeza y desapareció.
Al volver al hotel me di poco a poco cuenta de que, aunque hubiera hablado dos horas con él, no habrÃa sacado nada, porque… en realidad, no tenÃa nada que preguntarle. ¡SÃ, era seguramente eso! Me hubiese sido imposible formular mi pregunta.
Todo aquel dÃa estuvo Paulina de paseo por el parque con la niñera y los niños, y luego permaneció en su habitación. Desde hacÃa tiempo evitaba al general, y casi no le dirigÃa la palabra. Ya lo habÃa notado yo tiempo antes.