El Jugador
El Jugador
Hace veinte meses que no había ni siquiera pasado la vista por estas notas hasta ahora que, solamente por hallarme bajo el imperio de la angustia y de la pena, he pensado releerlas para distraerme.
Quedaron interrumpidas desde el día que partí para Homburg.
¡Dios mío! ¡Con qué alegre ánimo escribí yo entonces los últimos renglones! O más bien, con qué confianza en mí mismo, con qué esperanza inquebrantable. No dudaba lo más mínimo de mí. Han pasado dieciocho meses y estoy en peor situación que un mendigo. ¿Pero qué me importa? ¡Me tiene sin cuidado la miseria! ¡He causado mi propia perdición! Además, ninguna comparación es posible y es inútil predicarse a sí mismo la moral. ¡Nada hay tan absurdo como la moral en semejantes momentos!
