El Jugador

El Jugador

Partí entonces, en efecto, para Homburg, pero apenas llegado me fui de nuevo a Ruletenburg, a Spa e incluso a Baden, en donde acompañé en calidad de criado al consejero Hinze, un canalla, que es aquí mi amo. ¡Sí, he sido lacayo durante cinco meses! Fue inmediatamente después de mi salida de la cárcel —pues he estado en la cárcel, en Ruletenburg, por deudas. Un desconocido me sacó de allí… ¿Quién fue?¿Mr. Astley? ¿Paulina? Lo ignoro, y la deuda fue pagada, doscientos talers en total, y me pusieron en libertad—. ¿Adónde podía ir? Entré al servicio de Hinze. Es un joven atolondrado, le gusta vagar y yo sé hablar y escribir tres lenguas. Me coloqué primero en su casa como una especie de secretario, por treinta florines al mes, pero acabé siendo un criado suyo. No estaba ya en situación de ser secretario y disminuyó mi sueldo. Yo no tenía dónde ir, así que me quedé con él y de este modo me transformé yo mismo en un lacayo. Pude ahorrar, sin embargo, setenta florines en cinco meses.







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