El Jugador
El Jugador —Miss Paulina es la mejor de las criaturas, la más digna de respeto. Se lo repito, me satisfará mucho que no me pregunte nada acerca de ella. Usted nunca llegó a conocerla bien y considero su nombre, en boca de usted, como una ofensa a mi sentido moral.
—¡De veras! Creo que se equivoca. ¿De qué puedo hablar sino de eso? Todos mis recuerdos se reducen a ella. No se preocupe, sin embargo; no tengo necesidad de conocer sus asuntos Ãntimos… Me intereso solamente, por decirlo asÃ, por la situación mundana de miss Paulina, por lo que la rodea actualmente. Todo eso me lo puede decir en dos palabras.
—Sea, pues, en dos palabras, a condición de no volver más sobre ello. Miss Paulina estuvo largo tiempo enferma, y lo está todavÃa. Ha vivido algún tiempo con mi madre y mi hermana en el norte de Inglaterra. Hace seis meses, su abuela, usted recordará a aquella vieja loca, murió, dejándole siete mil libras esterlinas. Actualmente, miss Paulina viaja con la familia de mi hermana, que está casada. Sus hermanitos fueron igualmente dotados en el testamento de su abuela y se hallan estudiando en Londres. El general murió el mes pasado en ParÃs, de un ataque de apoplejÃa. La señorita Blanche le cuidó bien hasta el fin, pero ha sabido hacerle poner a su nombre todo lo que habÃa heredado de su tÃa… Eso es todo, según creo…