El Jugador
El Jugador —Basta, Mr. Astley, por favor, no evoque el pasado —exclamé, casi con cólera—. Sepa que no he olvidado nada, pero que temporalmente lo he desterrado todo de mi cabeza, incluso los recuerdos, hasta que rehaga mi situación… Entonces… entonces usted verá, volveré a la vida.
—Usted estará aquà todavÃa dentro de diez años —dijo—. Apostemos a que le recordaré esto, si para entonces vivo, aquà mismo, en este mismo banco…
—¡Basta! —interrumpà con impaciencia—. A fin de demostrarle que no soy tan olvidadizo del pasado, permÃtame preguntarle dónde se encuentra ahora la señorita Paulina. Si no fue usted quien me sacó de la cárcel, fue ella seguramente. Desde entonces no tengo noticias suyas.
—¡No, oh, no! No creo que haya sido ella. Ahora está en Suiza, y me complacerÃa mucho que cesara usted de preguntarme acerca de esto —dijo con tono enérgico e irritado.
—¡Eso quiere decir que también ha sufrido usted a causa de ella! Dije esas palabras casi inadvertidamente.