El Jugador
El Jugador Es una verdad de todos los tiempos, conocida por todas las gentes cultas. Pero, en este caso particular, estoy sinceramente satisfecho de no verle abatido. DÃgame, ¿no tiene usted intención de renunciar al juego?
—¡Que el diablo cargue con él! RenunciarÃa inmediatamente, a condición…
—¿A condición de rescatar lo perdido… ? Es lo que pensaba yo. Lo ha dicho usted sin darse cuenta, luego ha dicho la verdad. DÃgame ¿aparte del juego no hace usted nada aquÃ? Me sometió a una especie de interrogatorio. Yo no sabÃa nada.
Durante todo aquel tiempo no habÃa leÃdo los periódicos ni siquiera abierto un libro.
—Usted se ha embrutecido —observó—. No sólo ha renunciado usted a la vida, a los intereses personales y sociales, a los deberes de hombre y de ciudadano, a sus amigos… —pues usted tenÃa amigos—; ha renunciado también a sus recuerdos, todo a causa del juego. Conocà a usted en un momento apasionado y decisivo en su existencia, y estoy seguro de que ha olvidado sus mejores impresiones de aquel tiempo.
Sus sueños, los deseos que le obsesionan actualmente no van más allá del pair et impair, rouge, noir, la columna del centro, etc. ¡No me cabe duda!