El Jugador
El Jugador En lo que se refiere a mis convicciones morales Ãntimas, no pueden, naturalmente, encontrar sitio aquÃ.
He de manifestarlo asà tan sólo para descargo de mi conciencia. Anotaré, sin embargo, que desde hace cierto tiempo experimento una viva repugnancia a aplicar a mis actos y pensamientos una autocrÃtica moral. Mi impulso es otro…
Por otra parte, yo estoy aquà observando y fijándome; estas notas y observaciones no tienen por objeto describir simplemente la ruleta. Me pongo al corriente para saber cómo habré de comportarme en lo sucesivo. He notado especialmente que, a menudo, resbala entre los jugadores de la primera fila una mano que se apropia de la postura ajena. Resulta de esto un altercado, con protestas y gritos. ¡E id a probar, con la ayuda de testigos, que se trata de vuestra postura! ¡Que os han levantado un muerto, como se dice en el argot del juego!
Al principio, todo aquel mecanismo me pareció un verdadero enigma. Adiviné confusamente que se hacÃan posturas en los números, en los pares e impares y en los colores. Decidà no arriesgar más que cien florines del dinero de Paulina Alexandrovna. La idea de que empezaba a jugar por cuenta ajena me desconcertaba. Era aquélla una sensación muy desagradable de la que tenÃa prisa de liberarme.