El Jugador
El Jugador Parecíame que al comenzar por cuenta de Paulina aniquilaba mi propia suerte. ¿Es posible acercarse al tapete verde sin que la superstición se apodere en seguida de nosotros? Empecé por tomar cinco federicos, es decir, cincuenta florines, y los puse sobre el par. El disco empezó a girar y salió el trece.
Había perdido.
Presa de una sensación mórbida, únicamente para terminar cuanto antes, puse cinco florines al rojo. El rojo salió. Dejé los diez florines. El rojo se dio de nuevo. Hice nueva postura con el total. Salió también el rojo. En posesión de los cuarenta federicos coloqué veinte sobre los doce números del centro, sin saber lo que iba a resultar. Me pagaron el triple.
Los diez federicos del principio se elevaban ahora a ochenta.
Pero entonces una sensación desacostumbrada y extraña me causó tal malestar que decidí no repetir la postura.
Me parecía que, por mi propia cuenta, no habría jugado de aquel modo. Sin embargo, puse de nuevo los ochenta federicos sobre el par.
Esta vez salió el cuatro. Me entregaron ochenta federicos. Recogí los ciento sesenta y salí en busca de Paulina Alexandrovna.