El Jugador
El Jugador —¿Por qué me lo dio usted para que lo perdiera? Ya le dije que yo no podÃa jugar por cuenta de otro, y con mucha más razón que usted. Yo obedezco y hago cuanto usted me ordena, pero el resultado no depende de mÃ. DÃgame, ¿está consternada por haber perdido tanto dinero? ¿A qué lo destinaba?
—¿Por qué me lo pregunta?
—Usted misma prometió darme una explicación… Escuche: estoy persuadido de que cuando empiece a jugar para mà (tengo doce federicos), ganaré. Tome usted entonces lo que le haga falta.
Paulina hizo un mohÃn de desagrado.
—No se ofenda… Espero que no se enoje conmigo —prosegu×por esa proposición. Hasta tal punto estoy convencido de ser un cero a sus ojos que no puede usted tener reparo en aceptar de mà hasta dinero. Un regalo mÃo no puede ofenderla, ni tiene importancia alguna. Además, he perdido el suyo…
Me lanzó una mirada escrutadora y al observar la irritación y el sarcasmo de mis palabras interrumpió la conversación: