El Jugador
El Jugador —¡Valiente pregunta! ¿Ni siquiera puede usted comprender el que pueda usted llegar a mirarme de otro modo que como a un esclavo?¡Pues bien! ¡Ya estoy harto de sus desdenes, de su incomprensión!
—Usted decÃa que esta esclavitud le causaba delicia… Yo también asà me lo figuraba. —¡Usted también se lo figuraba! —exclamé con una volubilidad extraña—. ¡Extraordinaria candidez la suya! Pues bien, lo confieso, ser su esclavo me produce placer. Hay un deleite en el último grado de la humillación y del rebajamiento —continué de un modo delirante—. Quien sabe, quizá se experimenta bajo el knut, cuando sus correas se abaten y desgarran la espalda… Pero yo deseo tal vez gozar otros placeres. Hace un momento, en la mesa, el general me ha sermoneado delante de usted porque me paga setecientos rublos al año, que quizá nunca logre cobrar. El marqués Des Grieux, con las cejas fruncidas, me contemplaba y al mismo tiempo fingÃa no verme. Y yo, por mi parte, es muy probable que arda en deseos de agarrar a ese marqués por la nariz, en presencia de usted.
—¡TonterÃas! En cualquier situación uno debe mantenerse con dignidad. Si es preciso luchar, lejos de rebajar, la lucha ennoblece.