El Jugador
El Jugador ¿Qué me importa lo demás?¿Por qué y cómo yo la amo? Lo ignoro. Tal vez no sea usted hermosa. ¡Figúrese que no sé si es usted hermosa, ni siquiera de cara! Tiene usted, seguramente, mal corazón y sus sentimientos es muy posible que no sean muy nobles. —Usted espera, tal vez, comprarme a fuerza de oro —dijo—, porque usted no cree en la nobleza de mis sentimientos.
—¿Cuándo he pensado yo en comprarla con dinero? —exclamé.
—Con tanto hablar ha perdido usted el hilo del discurso. Intenta comprar mi cariño, ya que no a mà misma.
—No, no; usted no tiene nada que ver. Ya le dije a usted que me cuesta trabajo explicarme. Usted me aturde. No se enoje a causa de mi conversación. Usted comprende por qué no puede enfadarse conmigo. Estoy sencillamente loco. Por otra parte, su cólera me importarÃa muy poco. Me basta solamente imaginar, en mi pequeña habitación, el frufrú de su vestido, y ya estoy dispuesto a morderme los puños. ¿Porqué se enfada usted conmigo? ¿Por el hecho de llamarme esclavo suyo? ¡Aprovéchese de mi esclavitud, aprovéchese! ¿No sabe usted que un dÃa u otro la he de matar? No por celos o porque haya dejado de amarla, sino porque sÃ, la mataré sencillamente, porque tengo algunas veces deseos de devorarla. Usted se rÃe…