El Jugador
El Jugador Estaba, lo confieso, encantado con esta explicación completamente digna de un chiquillo. SentÃa un extraño deseo de abultar esa estúpida historia del modo más absurdo posible. Además esto me gustaba mucho.
—Usted se burla de mÃ, ¿no es cierto? —gritó e general.
Se volvió hacia Des Grieux y le explicó, en francés, que decididamente yo buscaba un altercado. Des Grieux se encogió de hombros.
—¡Oh, no crea eso, no hay nada de eso! —grité a mi vez al general—. Lo que hice no estuvo bien, lo confieso con toda franqueza. Se puede calificar de chiquillada estúpida e indecorosa, pero… . eso es todo. Y sepa, mi general, que me arrepiento de veras. Pero aquà media una circunstancia que, a mis ojos, me dispensa casi del arrepentimiento. En estos últimos tiempos, desde hace dos o tres semanas, me siento enfermo. Estoy nervioso, irritable, abúlico, y me ocurre que pierdo muchas veces el dominio de mà mismo. Verdaderamente muchas veces tengo gran deseo de dirigirme al marqués Des Grieux y de… Por otra parte, juzgo inútil terminar; tal vez se ofenderÃa. En resumen, son sÃntomas de enfermedad.