El Jugador
El Jugador —¡Cómo, señor Des Grieux! —le interrumpí—. ¡Usted también desempeña en este asunto el papel de mediador! Yo no soy, ciertamente, más que un outchitel y jamás he pretendido el honor de ser amigo de la casa o tener relaciones particularmente estrechas con esa familia. Hay también circunstancias que ignoro… Dígame, sin embargo: ¿forma usted tal vez parte de la familia? Porque, realmente, toma usted una parte tan activa en todo lo que a ella concierne, que es el árbitro en todos los asuntos…
Mi pregunta no fue de su agrado. Era demasiado clara e intencionada y no quería enredarse en discusiones.
—Estoy unido al general en parte por negocios, en parte por “ciertas circunstancias particulares” —dijo secamente—. El general me ha enviado a rogar a usted que renuncie a sus intenciones de ayer. Todo lo que usted ha imaginado es, ciertamente, muy espiritual, pero me ha encargado le advierta que no conseguirá usted nada. Por lo pronto, el barón no le recibirá. No olvide que tiene medios de evitar nuevas molestias de usted. Convénzase usted mismo. ¿Para qué insistir? El general se compromete formalmente a tomarle a su servicio, cuando las circunstancias lo permitan, y le garantiza hasta esa época “sus honorarios”. Lo cual es bastante ventajoso para usted. ¿No le parece?