El Jugador
El Jugador —¡Se lo ruego —dijo en tono suplicante—, deje usted eso! Se dirÃa que usted está satisfecho de provocar un conflicto. ¡No es una satisfacción lo que usted desea, es un escándalo! Ya le he dicho que todo esto serÃa divertido y quizás hasta espiritual, pero —terminó diciendo al ver que me levantaba y cogÃa el sombrero—he venido para entregar estas lÃneas de parte de cierta persona… Lea, me encargaron que aguardase la respuesta.
Al decir eso sacó del bolsillo una carta lacrada.
Aquellas lÃneas estaban escritas por Paulina. LeÃ:
“Me parece que intenta usted explotar la situación: usted está enfadado y hace tonterÃas. Pero median ciertas circunstancias especiales que le explicaré luego. ¡Por favor, no haga nada y permanezca tranquilo! ¡Qué absurdo es todo esto! Usted me es necesario y ha prometido obedecerme. Recuerde el Schlangenberg. Le ruego sea dócil y, si es preciso, se lo ordeno. Suya, P. “
“P. S. —Si me guarda rencor a causa de lo que pasó ayer, perdóneme. “