El Jugador
El Jugador —También yo —dijo Mr. Astley—. En lo que concierne a miss Paulina… usted sabe perfectamente que entablamos relaciones hasta con gentes que detestamos, cuando la necesidad nos obliga a ello. Puede que en este caso existan relaciones que dependan de circunstancias accesorias que usted ignora. Yo creo que puede usted medio tranquilizarse… En cuanto a la conducta de Paulina, ayer fue realmente extraña… Admito que haya querido desembarazarse de usted, entregándole a los bastonazos del barón (y no comprendo cómo no se sirviera de él teniéndolo a mano)… Semejante modo de obrar es verdaderamente sorprendente en una persona tan… tan distinguida. Naturalmente, no iba ella a imaginar que usted cumpliera a rajatabla su deseo…
—¿Sabe usted —exclamé de pronto, mirando fijamente a Mr. Astley— que tengo la impresión de que ya se habÃa enterado usted de todo eso antes, y sabe usted por quién?… ¡Por la propia miss Paulina! Mr. Astley me miró asombrado.
—Sus ojos brillan y leo en ellos la sospecha —dijo, tranquilizándose inmediatamente—, pero usted no tiene derecho alguno para sospechar tal cosa. No puedo reconocerle este derecho y me niego formalmente a contestar a su pregunta.