El triton
El triton Por algunos momentos incluso se pensó que fuera un juego de manos inglés presentado por el Gran JudÃo —en pro de los intereses británicos— con el solapado propósito de desviar la atención de nuestro público, comenzando con las damas, con una serie de imágenes estéticamente retozonas de su fervor bélico. Sin embargo, se alzaron inmediatamente las objeciones basadas en el hecho de que habÃan visto a lord Beaconsfield en Londres a aquellas horas y que era honrar excesivamente al oso ruso esperar que su señorÃa se metiera en un estanque ruso, con propósitos polÃticos, para la delectación estética de nuestras damas; que, de cualquier modo, él tenÃa su propia dama en Londres, etc., etc. Pero la ceguera y la pasión de nuestros diplomáticos son irrefrenables: empezaron a gritar que si no era el propio lord Beaconsfield entonces por qué no habrÃa de ser el señor Poletika, el director del Stock Exchange News, tan ansioso de paz, y que era a él a quien pudieron elegir los ingleses para que representara el tritón. Pero también se abandonó pronto esta teorÃa, porque aunque el señor Poletika podÃa muy bien ser capaz de hacer los mismos movimientos que el tritón, le hubiera faltado la gracia antigua de aquél, gracia por la que todo se perdona y que es la única que pudo atraer a las señoras de asueto. Justamente entonces llegó al lugar un caballero con la noticia de que a aquella hora particular habÃan visto al señor Poletika en cierto sitio, en otra parte de Petersburgo. De esta manera volvió a surgir a la superficie la teorÃa del antiguo tritón, a pesar del hecho de que el tritón mismo tenÃa largo tiempo de estar bajo el agua.