Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos A los pocos segundos ya estábamos todos riendo como locos.
—Pero dejadme, dejadme que os cuente. —Aliosha nos hizo callar con su vozarrón—. Seguro que pensáis que todo sigue igual que antes… que lo que me ha traÃdo hasta aquà será una simple tonterÃa… Pero os aseguro que lo que voy a contaros es extremadamente interesante. ¡Haced el favor de callar de una vez!
TenÃa unas ganas tremendas de contarnos algo. A juzgar por su aspecto, se notaba que traÃa noticias importantes. Aunque su estudiada seriedad, fruto de su ingenuo orgullo por estar en posesión de semejantes noticias, en seguida hizo reÃr a Natasha. Yo, sin querer, me contagié de su risa. Y, cuanto más se enfadaba él, más nos reÃamos nosotros. Primero el enojo y después el desconsuelo infantil de Aliosha nos pusieron en ese estado en el que, como le pasaba a aquel alférez de navÃo de Gógol[31], basta con que a uno le muestren un dedo para que se desternille de inmediato. Mavra, que venÃa de la cocina, se habÃa quedado parada en la puerta y nos miraba con auténtica indignación, enojada al ver que Aliosha no se llevaba una buena reprimenda de Natasha, tal y como habÃa estado esperando con fruición esos cinco dÃas, y que, en lugar de eso, estábamos todos tan contentos.
Por fin Natasha, consciente de que nuestras risas incomodaban a Aliosha, dejó de reÃrse.
