Humillados y ofendidos

Humillados y ofendidos

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

IX

Me desperté enfermo, bastante tarde, a eso de las diez de la mañana. Me dolía la cabeza, y todo me daba vueltas. Miré a la cama de Yelena: estaba vacía. En ese momento, desde la parte derecha del cuarto me llegaron unos ruidos, como si alguien estuviera barriendo. Me acerqué a mirar. Yelena, con la escoba en una mano, mientras se sujetaba con la otra su elegante vestido —aún no se lo había cambiado desde que había llegado—, barría el suelo. Había apilado en un rincón la leña para la estufa; la mesa estaba limpia, la tetera fregada; en definitiva, Yelena estaba haciendo las tareas de la casa.

—Escucha, Yelena —le grité—, ¿quién te ha mandado barrer? No me parece bien que lo hagas, estás mala; no estás aquí para trabajar.

—Y ¿quién va a barrer aquí los suelos si no? —replicó, poniéndose recta y mirándome a la cara—. Yo ya no estoy mala.

—Pero no te he traído para que trabajes, Yelena. ¿No será que tienes miedo de que te eche en cara, como la Búbnova, que estás viviendo a mi costa? Y ¿de dónde has sacado esa birria de escoba? Aquí no había ninguna escoba —añadí, mirándola con asombro.

—Esta escoba es mía. La traje yo misma. También a mi abuelo le barría los suelos cuando vivía aquí. Y desde entonces ha estado ahí metida, debajo de la estufa.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker