Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos Me fui directamente a buscar a Aliosha. Vivía con su padre, en la calle Málaia Morskaia. El príncipe tenía un piso bastante grande, a pesar de que vivía solo. Aliosha disponía de dos cuartos estupendos en ese piso. Yo había estado allí muy pocas veces; creo que era la segunda vez que iba. Él, en cambio, solía venir a mi casa a menudo, sobre todo al principio, cuando empezó su relación con Natasha.
No lo encontré en casa. Pasé directamente a sus habitaciones y le escribí la siguiente nota:
Aliosha:
Cualquiera diría que se ha vuelto usted loco. Dado que el martes por la noche su padre acudió en persona a pedirle a Natasha que le hiciera a usted el honor de convertirse en su esposa, y teniendo en cuenta que usted aprobó entusiasmado su decisión, algo de lo que yo mismo fui testigo, habrá usted de convenir en que su conducta es bastante extraña. ¿Se da usted cuenta de lo que está haciendo con Natasha? Sea como fuere, con esta nota mía pretendo hacerle ver que su comportamiento con su futura mujer resulta extremadamente indigno y frívolo. De sobra sé que no tengo ningún derecho a darle lecciones, pero eso es algo que me importa muy poco.
P.S. Ella no sabe nada de esta carta, y ni siquiera ha sido ella la que me ha hablado de usted.
